Educación: Una herramienta contra la inseguridad

En 2008 nuestra ciudad se encontraba envuelta en una ola de violencia inusitada.

 

Hoy, a 10 años de estos hechos, nos volvemos a enfrentar a una situación donde los actos violentos han ido a la alza en nuestra ciudad, y si bien en algunos índices nos hemos mantenido por debajo de lo generado durante aquella época, vemos con preocupación cómo se han elevado de manera exponencial otros rubros. 

 

Para que una persona tome la decisión de convertirse en delincuente, se tienen que presentar diversos factores. El que más nos preocupa hoy es la ausencia de valores.

 

Si bien actualmente nuestras autoridades han aplicado estrategias para que en corto plazo puedan disminuir los hechos delictivos, tenemos que enfocarnos también en la creación de planes a mediano y largo plazo.

 

Como lo he comentado en anteriores columnas, la inseguridad es consecuencia en gran parte de la corrupción, la impunidad y la falta de transparencia que existe en la región. Sin embargo, también tenemos que señalar en algunos casos el bajo nivel educativo y la falta de principios trasmitidos principalmente en casa.

 

Es importante que nosotros como padres de familia no dejemos toda la educación a cargo de los maestros; recordemos que es en nuestros hogares donde el menor comienza su aprendizaje y que este no termina al momento que ingresan al nivel preescolar, sino que continúa durante todo su crecimiento. 

 

Es nuestro deber el formar a nuestros hijos con valores, que sepan distinguir entre lo que es bueno y lo que es malo, lo apropiado y lo inapropiado, pero sobre todo, enseñarles cómo tomar mejores decisiones durante su crecimiento y así evitar que elijan la “entrada fácil” al mundo de la delincuencia. 

 

Estoy convencido que si tanto el sector empresarial, el educativo y el gubernamental nos enfocáramos en definir un sólido programa para nuestros jóvenes y niños, lograríamos que las próximas generaciones cuenten con una mayor educación ética, moral, de principos y de respeto. 

 

Esto desencadenaría en un mediano y largo plazo, la disminución de actos de corrupción, de impunidad, la falta de transparencia y por consecuencia, la inseguridad. 

 

Evitemos que en 10 años esta situación de violencia vuelva a repetirse. 

 

La solución para eliminar esta problemática está ahora en nuestras manos. Es momento de actuar.